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Qué significa para América Latina y el Caribe el triunfo de Joe Biden en las elecciones en EEUU

Foto: Joe Biden tras su triunfo en las elecciones estadounidense. /EFE/EPA/ADREW HARNIK/POOL.

Por Luciana Soldá 

A primera vista se nos revela que las presidenciales en los Estados Unidos son esta vez decisivas para el rumbo futuro del sistema político estadunidense y, consecuentemente, para las correlaciones que prevalecerán en el porvenir del sistema-mundo. En medio de una crisis geopolítica de enormes dimensiones, una pandemia que muta en depresión económica, social y psíquica y una sociedad que vive entre el miedo y el resentimiento, me atrevo a decir que son las elecciones más importantes de la historia de los Estados Unidos.

Nadie tiene dudas de que Donald Trump es y era peligroso. Durante los cuatro años que duró su mandato, su discurso y sus decisiones estuvieron cargados de racismo, xenofobia, misoginia. Pero qué ganó con Joe Biden. Me atrevo a decir que ganó lo que la politóloga norteamericana Nancy Fraser llama “neoliberalismo progresista”, ya que Biden representa el ala más conservadora del partido demócrata. No será fácil responder si el resultado electoral estadounidense  traerá mayor tranquilidad a la región y el mundo,  ya que la hostilidad de la política exterior estadounidense es consustancial a su papel como potencia hegemónica del capitalismo mundial, mucho más en tiempos en que se disputa su lugar, muy especialmente desde la producción. 

El nuevo presidente recibirá enormes presiones para dar marcha atrás a muchos de los cambios radicales en temas que van desde la política exterior hasta la crisis climática. Igual vale rescatar una de las elecciones con mayor participación de la historia estadounidense, aun cuando los que no votaron son más que los que votaron por los Demócratas.

¿Qué esperar de este lado del mapa?

Ilustración: Mariano Vior 

Casi se podía predecir que nada iba a cambiar para América Latina y el Caribe si Donald Trump lograba su reelección. Ahora el triunfo de Joe Biden abrió la caja de una cantidad de interrogantes: entre ellos, si logrará asumir el mando y para qué lo asumirá. No olvidemos que los Demócratas que ahora gobernarán tienen historia de guerras, invasiones e injerencias varias que afirman el carácter imperialista de EEUU.

Solo hay que recordar la historia larga en nuestra América, aunque alcanzaría con los acontecimientos recientes, ayer nomás en el 1973 chileno, como ejemplo muy concreto, por lo que representó como gran ensayo de lo que hoy se llaman políticas neoliberales. Pero antes y después en Vietnam o en Libia, en Cuba, Venezuela y cualquier territorio que osara confrontarlos para intentar, aun con errores, caminos propios, de autonomía e independencia.

Argentina, Chile y Bolivia en particular, son muy importantes porque uno de los sectores estratégicos para la economía verde norteamericana son los minerales como el litio, y también las tierras raras, que se encuentran en Latinoamérica (y no se necesita importarlas de China), imprescindibles para el desarrollo del sector estratégico como el de los  armamentos y las supercomputadores.

Muchos esperan que la política estadounidense hacia América Latina dé un giro brusco, dadas las declaraciones de Biden sobre aumentar la cooperación continental en problemas  en la región, como la violencia y la pobreza, elevar la importancia de otros asuntos en la agenda hemisférica, incluidos los derechos humanos, el medioambiente y la corrupción

Esto pondrá a prueba el vínculo de Washington con países como México o Brasil, según expertos. Diplomáticos y ex altos funcionarios estadounidenses sostienen que sus posiciones en materia de comercio, derechos humanos, cambio climático y lucha contra la corrupción podrían resultar incómodas para algunos de los gobernantes de la región, acostumbrados a un Trump, que hacía la vista gorda. Ahí está el caso de Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ha buscado cultivar una relación estrecha con Trump con base en su afinidad ideológica y alineamiento político. En cambio, el plan de Biden de colocar sobre la mesa temas medioambientales puede generar tensiones con el gigante sudamericano.

Pero Bolsonaro no es el único que se jugó por el candidato republicano. También lo hizo el colombiano ultraderechista Iván Duque, que ahora teme la reducción y/o fiscalización de los miles de millones de dólares que recibe anualmente para, supuestamente, combatir el narcotráfico y la violencia.

Algunos prevén que la política del demócrata Biden para América Latina se parecerá a la que primó durante el gobierno de Barack Obama entre 2009 y 2017, cuando él fue vicepresidente. Sin embargo, desde su círculo de asesores se sostiene que en cuanto a Venezuela, al igual que con Cuba, es poco probable que vuelva directamente la tregua de la época de Obama; la influencia de los votantes latinos ultraderechistas en el estado clave de Florida se encargará de eso. Es más probable que se avance con pasos cautelosos para crear confianza.  

Valeria Carbone, historiadora y especialista en EEUU, en una entrevista con el sitio Nodal, expresó: “Con Trump o Biden no creo que haya cambios sustanciales hacia la región”. A lo que agregó que definitivamente, el gobierno norteamericano está preocupado por la presencia china en la región. Y el hecho de que China se convirtió en un prestamista para gobiernos latinoamericanos. Por lo que este será un tema clave de discusión en el gobierno al norte del mapa.  

El caso particular de Argentina

Hay expectativas económicas y políticas. Entre las primeras el acuerdo en negociación con el FMI, donde EEUU es socio mayoritario. Desde Washington salió la orden para financiar la campaña electoral de Mauricio Macri con el préstamo en 2018 por 57.000 millones de dólares (md) de los que solo se desembolsaron 45.000 millones.

Pero más allá de lo financiero está lo económico y comercial. En materia de inversiones, la Argentina no es destino principal de las inversiones estadounidenses en los últimos años, más parece ser de aquellas que provienen del gran competidor mundial de EEUU, el gigante asiático. En lo comercial, el tema es delicado ante el recurrente déficit del intercambio entre la potencia del capitalismo mundial y la Argentina, algo en común con China.

Resulta difícil imaginar que estos temas puedan resolverse en la nueva gestión demócrata. Mucho menos las diferencias relativas a la política externa, no solo por los intereses estratégicos de EEUU, que no auguran muchas diferencias aun con el cambio del gobierno, sino por las dificultades de lecturas dentro del gobierno argentino. Aún con la presencia de Alberto Fernández en la asunción de Luis Arce en Bolivia, que muchos pronostican como un nuevo tiempo en el aliento a la integración alternativa, la realidad es que existe presión dentro de la alianza en el gobierno (Frente de Todos) para sustentar una política externa subordinada a la estrategia internacional de EEUU.

En última instancia, el dilema político que problematiza el proyecto socialista, problematiza también la realidad de toda la sociedad, regulada por las leyes del mercado. Tanto desde donde se dictan las reglas del juego, como en los países que se ven obligados a aceptarlas. Para el mundo dependiente se trata de un dilema entre la sumisión, la aceptación, la obediencia, y la complicidad con los poderes globales o, por el contrario, el descubrimiento del poder del pueblo en las condiciones histórico-concretas y del modo de hacerlo valer, hasta imponerse en la concepción y la realidad del Estado. Este es en el fondo el reto de la democracia verdadera.

No veo cómo despejar del itinerario de violencia que acarrea lo que hoy se nos presenta como democracia norteamericana. Se va Donald Trump y entra Joe Biden. Se va el xenófobo que hizo de su odio racista antinegro y antilatino su plataforma para llegar al gobierno de Estados Unidos. Se va el presidente que pisoteó los acuerdos climáticos y gobernó a fuerza de desparramar odio por Twitter. ¿Con el casi octogenario Biden llega algo muy distinto? Los antecedentes del demócrata son penosos también: misógino, racista, apoyó todas las incursiones militares ordenadas por Barack Obama como su vicepresidente. Pero se va Trump, y es noticia.

El bipartidismo en EEUU acarrea la misma edad que la democracia del país, la Casa Blanca no ha visto pasar por su oficina Oval a un presidente que no traiga consigo el color rojo (republicanos) o el azul (demócratas), ni hablar de una mujer ocupando el cargo de comandanta en jefa.

Foto: https://www.mdzol.com/
En estas elecciones Joe Biden parece ser el “mal menor”, algo que no es nuevo en las democracias del mundo. Pero si algo trae de alentador la nueva fórmula presidencial electa en el norte es a una mujer como vicepresidenta. Queda esperar para ver qué logros consigue Kamala Harris desde el cargo. 

Debemos ver asentarse -al menos en el seno del Partido demócrata- un tiempo de maduración para una postura consensuada hacia una sociedad más equitativa, con contenidos más equilibrados y estables de justicia social, con una visión internacional basada en el respeto recíproco y una política de paz que no se limite al discurso.


Fuentes:

https://www.alainet.org/

https://rebelion.org/

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